Hagamos al hombreEtapa 4: Señorío
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Etapa 4: Señorío

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Etapa 4. Señorío

Señorío en plenitud

Salmos 24:1: De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en el habitan Porque él la fundo sobre los mares, y la afirmo sibre los rios Después de todo lo escrito en este manual, podemos ver cómo Dios manifiesta su funcionalidad y desarrolla sus asuntos con precisión y orden, conforme a su esencia, que es el amor. En cada cosa creada se ve ese amor y, por tanto, sus beneficios. Podríamos hablar de una paternidad por creación. ¿Qué podría ser mejor que un universo de características impresionantes, dirigido por su Señor?

El big bang es una pequeña muestra de la ignorancia frente al gran señorío que hay en el universo.

Después de revisar algunas enseñanzas que muestran claramente su capacidad, es necesario cerrar esta sesión sobre el señorío para que él sea glorificado, reconocido y engrandecido mediante esta breve exposición de su grandeza.

La palabra kyrios significa señor, amo y dueño.

Parece sencillo hablar de cosas que se dan por sentadas, al menos para quienes no han sido absorbidos por la idea del big bang.

Miremos las estrellas: son cuerpos celestes masivos, compuestos principalmente de hidrógeno y helio, que emiten luz y calor. Nacen, evolucionan y mueren.

Las estrellas más grandes tienen vidas más cortas porque consumen su combustible con mayor rapidez.

Tienen diversos colores, entre ellos rojo, azul y blanco.

Son motores de energía: producen calor y luz.

La estrella más grande conocida es uy Scuti; su tamaño equivale aproximadamente a 1.700 veces el radio del Sol.

Se estima que dentro de ella podrían caber alrededor de cinco mil millones de soles.

Esta es una pequeña muestra del Creador y, por tanto, del Señor de las estrellas, quien las conoce a la perfección y señorea sobre ellas.

Paternidad:

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Génesis 1: 16 E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas.

Es interesante que, en su soberanía, Dios dé a estas lumbreras una forma de comportarse y una tarea bajo el mandato de señorear, aunque ellas mismas están bajo el señorío de su Creador.

La majestuosidad de esta creación es tal que Dios advirtió al pueblo que no se inclinara ante nada de lo que Él había hecho para todos los pueblos. Deuteronimio4: 19.

Estas son pruebas de su paternidad y, por tanto, de su señorío.

Job 9: 7 dice que, si Él lo ordena, el sol deja de salir y las estrellas dejan de brillar. Es asombroso que a veces dejemos de notar el señorío de Dios sobre la creación y parezcamos desconocer mucho de su misericordia.

Parece un cuento de ficción hablar de estrellas de distintos colores, pero 1 a los corintios 15: 41 expresa algo hermoso sobre ellas.

Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria.

Él es el Señor de la diversidad. Su interés por la creación lo hace único y, sin duda, dueño de una obra excelente. Como amo y señor, conoce las estrellas en su totalidad; incluso les puso nombre… Lo dice el Salmo 147:4: «Él cuenta el número de estrellas; a todas ellas llama por sus nombres».

Las cosas creadas por Dios funcionan con exactitud. Al crear los cielos, deja ver su gloria, grandeza y señorío. Describir su funcionamiento nos llevaría bastante tiempo y, sin duda, sería fascinante.

Alguien reconoció su señorío y grandeza en salmo 19: 1-4: el cielo azul nos habla de la grandeza de Dios y de todo lo que ha hecho.

Los días y las noches lo comentan entre sí. Aunque no hablan ni dicen nada, ni se oye un solo sonido.

Y, cuando hablamos de la tierra, su control como Señor, amo, Creador y sustentador tampoco puede quedar en el limbo.

Hebreos 1: 3: El cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder.

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Este dato no es menor, porque el funcionamiento de la tierra es muy complejo. Sin embargo, los seres humanos damos por sentado que seguirá su curso y nos dará alimento, como si la noche y el día tuvieran que suceder por sí solos.

Estos datos nos hablan de la necesidad de un Señor, es decir, de un sustentador.

Si la Tierra girara más lentamente, surgiría un problema serio: los días y las noches serían más largos, con consecuencias devastadoras para el clima, la vida marina y la vida en general. La geografía cambiaría drásticamente.

Clima extremo Tormentas violentas Redistribución del agua Se iría del centro a los polos y eso causaría grandes inundaciones Impacto en la vida Los cambios climáticos extremos y la radiación afectarían a todos los seres vivos.

Cambios geográficos La forma del planeta cambiaría en cuanto a la distribución de la tierra y las aguas.

Si la tierra parara por un segundo La Tierra se mueve aproximadamente a 1.600 kilómetros por hora. Si se detuviera, desataría fuerzas destructivas que lanzarían a gran distancia todo lo que no estuviera fuertemente asegurado.

Es evidente que el señorío de Cristo debe ser una garantía en todos los ámbitos de la existencia.

Para probar su señorío y paternidad sobre todo, algún día dará la orden y todo terminará.

2 pedro 3: 10: Pero el día del señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán desechos, y la tierra y las obras que en ellas hay serán quemadas.

Para seguir viendo

El señorío del hombre en la tierra

El señorío de cristo sobre su reino El señorío de cristo sobre la salvación El resultado de su señorío sobre mi

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El señorío del hombre en la tierra

Génesis 1: 28: TLA Y les dio esta bendicion: quiero que se reproduzcan, quiero que se multipliquen, quiero que llenen la tierra y la pongan bajo su dominio. Que dominen a los peces del mar y a las aves del cielo y a todos los seres vivos que se arrastran por el suelo Génesis 2: 16, 17: Y a la vez le dio esta orden: puedes comer del fruto de todos los arboles que hay en el jardin, pero del arbol del conocimiento del bien y del mal no podras comer, porque el dia que comas del fruto de ese arbol, moriras Además de significar amo o dueño, la palabra «señorío» también tiene un sentido amplio: administrar, cultivar y sacar provecho con amor; es decir, sojuzgar.

No significa tiranía ni opresión.

En este manual ya escribimos sobre el cuerpo humano, sus características y su grandeza, que solo muestran la grandeza de su Creador. En la mente de Dios existía la idea de un semejante, aunque aún no en un cuerpo, sino en alguien a quien estaba dando grandes capacidades para administrar. Ya vimos cómo bendijo a las dos grandes lumbreras para que bendijeran al hombre. Por eso decimos que señorear es dar con propósito y amor: era poner una gran parte de la creación en manos del hombre. Creo que, en su estado primario, el hombre tenía una capacidad impresionante para administrar esa tarea. Aunque el mundo se sostiene hasta hoy, a lo largo de los siglos el hombre, al ejercer su señorío, ha llevado la Tierra a grandes desastres.

El sol nos envía sus rayos para alumbrar el día y ofrecernos otros beneficios. Sin embargo, la mala administración del hombre ha dañado la capa de ozono y ha permitido que los rayos ultravioletas lleguen directamente, perjudicándonos. Esto es solo una muestra del daño causado en nuestro lugar de habitación. Podríamos hablar del mar, los ríos y muchas otras cosas, pero no entraremos ahora en esos horrores. El señorío del hombre sobre el terreno que se le entregó no ha sido el mejor.

Pero lo más importante es examinar el señorío del hombre sobre sí mismo y sus resultados.

La mejor fuente para conocer la historia del hombre es la Biblia, donde vemos sus triunfos y derrotas. A medida que avanza el tiempo, se hace más evidente su incapacidad para gobernarse a sí mismo.

Después del fracaso del hombre en el Edén, todo quedó nublado y se perdió la luz que hacía brillar su vida.

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Bastaría mirar cómo cambió la perspectiva del hombre acerca de Dios después de lo sucedido. Por ejemplo: Génesis 3: 9, 10.

Dios llamó al hombre y le hizo una pregunta muy interesante: «¿Dónde estás tú?».

Y El respondió: oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.

Desde entonces, el hombre ha vivido con problemas que lo conducen a la derrota en el ejercicio de su señorío sobre sí mismo.

Un señorío descontrolado En Génesis 6: 5 Y vio jehová la que maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente al mal.

El señorío descontrolado trae desastres; en este caso, la destrucción de un mundo entero mediante un diluvio universal.

Cada señorío del hombre estaba enfocado en desafiar al verdadero Señor. El hombre se volvió ingobernable y pasó de un fracaso a otro.

El hombre crea grandes rascacielos ideológicos para parecer un supergenio o un superhombre.

Las consecuencias de ese desafío introdujeron en el mundo la división de las lenguas.

Génesis 11: 6: Y dijo Jehová he aquí el pueblo es uno, y todos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora d lo que han pensado hacer.

Al leer este pasaje, podríamos pensar que describe una hermosa iniciativa de hombres unidos por un propósito común. Sin embargo, aquí el desafío es muy evidente.

Dios reconoce que la unidad puede producir cosas buenas y que hablar un mismo idioma ayuda. Pero también ve la arrogancia y el propósito de ejercer el señorío a su manera, sin tener en cuenta lo que ya había determinado. En su afán de glorificarse, el hombre desobedece el mandato divino de esparcirse. La intervención divina mediante las lenguas es, una vez más, una muestra de la misericordia de Dios hacia la humanidad.

Jueces 2: 10-20: Y toda aquella generación también fue reunida a sus padres. Y se levantó después de ellos otra generacion que no conocía a Dios, ni la obra que el había hecho por Israel La ingobernabilidad del hombre lo lleva a grandes fracasos. Ese señorío con el que aman vivir siempre termina mal; aun así, Dios, con su favor, ayuda al hombre.

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Aunque la idea central es el señorío del hombre natural en el mundo y cómo siempre termina haciéndolo mal, no es para menos ni se podría esperar algo diferente: se habla de los adámicos, que no pueden ejercer un señorío que los dirija. Aunque algunos parezcan buenos y otros malos, ambos son del mismo bando.

La Biblia dice que son inventores de males.

Los adámicos viven para mostrar que hay un señorío presente sobre ellos. No importa cuán buenos parezcan ser, o lo sean: su señorío es notorio e imposible de cambiar para el mismo hombre.

Algunos parecen dejarlo ver más que otros, según nuestra manera de ver las cosas.

Las generaciones todas adámicas se manifiestan de diferentes maneras en los diferentes tiempos.

El señorío de Cristo en la salvación Efesios 1:4: Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuesemos santos y sin mancha delante de él No está de más recordar el significado de señorío: amo, dueño, paternidad.

El propósito de Dios, desde antes de la fundación del mundo, era crear un mundo y mostrar allí su plan. Esto nos habla del señorío de un plan salvífico que no iba a poner en manos de nadie que pudiera estropearlo.

Hay distintas opiniones sobre el momento exacto en que el hombre comienza a ser pecador.

Algunos dicen que ocurre entre los cuatro o cinco años de vida; otros piensan que fuimos concebidos en pecado, como dijo el rey David.

Pero, al parecer, este texto de Efesios 1:4 dice que, antes de que el mundo fuese formado, ya se estaba gestando la venida de un primer hombre: el primer Adán, es decir, una raza caída que había sido vista desde antes de todas las cosas. Siempre pienso que el problema de Adán y Eva en el huerto no muestra que Dios fracasara ni que aquello lo tomara por sorpresa o lo obligara a inventar un plan b para arreglar un horror que lo hubiera hecho quedar mal con su creación.

El postrer Adán del que habla efesios sería el amo absoluto de la redención del hombre. La victoria descansa sobre sus hombros: él se convirtió en el Señor de la cruz.

Él es quien muestra a Dios un nuevo hombre, santo y sin mancha. Esto lo hace dueño absoluto de la salvación del ser humano, algo que se muestra casi inmediatamente después de la caída en el Edén.

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Génesis 3:15: Pondré enemistad entre tu y la mujer, entre tu simiente y la de ella; su simiente te aplastará la cabeza, y tú le herirás el calcañar.

Paternidad de hecho Ver en toda la Biblia al autor de la salvación es clave para entender este plan.

Isaías 45:8 menciona casi que maliciosamente para los entendidos que hay algo, o más bien alguien, que cargaría sobre sí la salvación del hombre, en un hecho trascendental.

¡Destilen, cielos, desde lo alto!

¡Nubes, hagan llover justicia!

¡Que se abra la tierra de par en par!

¡Que brote la salvación!

Que crezca con ella la justicia.

Este episodio nos permite ver una salvación por HECHO.

Este episodio nos permite ver una salvación y darla por HECHO. Cuando Él fue crucificado, la tierra y los sepulcros se abrieron; el sol se ocultó y hubo tinieblas como señal de tristeza por aquellos que no habrían de creer en este HECHO.

Fue él quien fue crucificado… HECHO.

Fue él quien fue sepultado… HECHO.

Fue él quien resucitó… HECHO.

Fue él quien ascendió… HECHO.

Pero, al participar Él en todos estos acontecimientos, me hizo partícipe a mí también.

Crucificado con él Sepultado con él Resucitado con él Ascendido con él a lugares celestiales.

El soldado romano dijo: «Verdaderamente, este era el Hijo de Dios», frente a un HECHO tan sublime.

Romanos 11:36: Porque de el, y por el, y para el, son todas las cosas.

A el sea la gloria, por los siglos de los siglos. Amen Aquí vemos que el único propósito es que él sea glorificado, no el hombre.

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La salvación no depende de que el ser humano aporte algo para que el señorío sobre su alma recaiga en él y no en él.

Dice Juan 10: 15.

Así como el padre me conoce, y yo conozco al padre; y pongo mi vida (HECHO) por las ovejas.

No son mis obras, aunque así se vea en el cristianismo. Mucha gente está feliz de su capacidad de santidad para llegar al cielo mediante hechos sacrificiales, pero es imposible lograrlo. No por obras, para que ninguno se gloríe, pues es don de Dios. El único HECHO sacrificial válido y efectivo fue el de Cristo. Aquí el texto citado dice que Él puso su vida por nosotros; esto significa que mi pecado fue amputado e imputado a Él. ¿Cómo, entonces, dicen algunos que basan su salvación en el buen comportamiento que aportan para tal evento, que tiene nombre propio: Jesús?

Juan 10:18: Nadie me quita la vida, sino que yo de mi mismo la pongo. Tengo poder para ponerla y tengo poder para volverla a tomar.

Y si hablamos de ser salvados en derecho Cuando miramos Isaías 45, vemos que nos hablaba de la salvación que debía brotar de la tierra… Esto sería de HECHO, pero el texto también nos hablaba de justicia.

Sería hablar ya de un asunto judicial, pues se habla de una condena y de cómo resultar inocente de ella.

Dios nos dice que no tendrá por inocente al culpable. Se requería de un acto en derecho para sacar al hombre de esa condición.

Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios, había que tomar un lugar de juicio y pena de muerte.

La Biblia dice que el justo murió por los injustos para llevarnos a Dios. Lo que sucedía en la cruz del Calvario era satisfacer la justicia de Dios.

Bien se preguntaba Job 9:2: Ciertamente yo sé que así es; ¿y cómo se justificara el hombre con Dios El control o señorío de Jesús sobre las cosas fue acertado desde todo punto de vista: derrotó todas las esferas habidas y por haber. La salvación del hombre fue un hecho sin precedentes; aun en el derrotero de la existencia, como ya hemos visto, la salvación era vencer a todas las huestes de maldad.

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Ya lo dice Colosenses 2:15: Y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.

Por mucho que el hombre se esfuerce, incluso desde su propia religión, no alcanzará la santidad ni la salvación.

El señorío de Jesús sobre su reino Daniel 7:14: Y le fue dado dominio, gloria, y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas les sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasara, y su reino uno que no sera destruido Al estar a las puertas de terminar este módulo, creo que este tema sobre el señorío de Jesús sobre su pueblo es de gran importancia, dados los pensamientos de la era actual en casi todos los reinos del mundo: pensamientos de “libertad” que, aunque lo único que hacen es esclavizar a un pueblo, se expresan en nombre de Dios o eliminan a Dios de su reino por no estar interesados en tener un señor que gobierne con ellos. El poder endiosa a simples seres humanos.

Cada reino establece normas que le permiten perpetuar su señorío. El señorío, tal como lo entendemos los humanos, resulta agradable por su contexto, que “permite” someter, aunque parezca libertad.

Por eso, cuando Jesús vino a este mundo, presentó un discurso no político, aunque algunos lo confundían con eso. Jesús dijo: Y diciendo: «Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado» (Mateo 3:2). Es un reino con unas características diferentes, confrontadoras y contracorriente.

Es venir a expresar lo que el a. T. decía de Él… Antes bien, como está escrito: cosas que ojo o vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que lo aman. 1 Corintios 2:9.

Los reinos de este mundo están regidos por una sustancia llamada Adán, por lo tanto, son reinos perecederos.

Pero un día establecido llegó el nuevo Adán, o el postrer Adán, con el fin de establecer un reino diferente y ser señor de él. Por eso este módulo tiene ese nombre: Hagamos al hombre.

Surge un modelo con características muy diferentes.

¿Qué cualidades aporta un reino a su rey?

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Majestad = grandeza, indicio de un señorío por encima del cual no hay nada.

Dignidad = cualidad de un reino cuidado o protegido por alguien con decencia, decoro, gracia, honor, moralidad, aplomo, prestigio y calidad.

No debería de asombrarnos que haya un reino con esas características: el nuevo Adán.

Por eso se nos habla de un reino sin vacíos ni precipicios en los cuales pueda hundirse. El hombre jamás podría custodiar y sostener cosas como estas. Bajo la fortaleza del nuevo Adán, la dignidad de este reino es el fortín que garantiza que nada podrá prevalecer frente a ella. Por eso, en Apocalipsis 5:19 se dice de Él.

Y cantaban un nuevo cantico, diciendo: digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos por que tu fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje, lengua y pueblo y nación.

Indiscutiblemente, es una fortaleza para señorear un reino con aplomo, sin que los sentimientos humanos impidan sus procedimientos. Es colocar su prestigio y moralidad entre Dios y los hombres para poder acercarlos y garantizarles que su reino jamás será destruido.

Un reino también traerá a su rey: Gloria = reputación, fama y honores extraordinarios de alguien; en este caso, del señor del nuevo reino, revestido de esplendor y magnificencia.

No se podría representar un reino con más grandeza que este, que vino a establecer un reino protegido e intocable. Para quienes entienden el tema, bastaría un solo versículo: Mateo 16: 18.

Mateo 16:18: Y yo también te digo, que tu eres pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del hades no prevaleceran contra ella.

El nuevo Adán protege el reino sobre el cual señorea con todas las cualidades ya mencionadas. Sin embargo, no es el reino el que confiere esas cualidades al rey; es más bien el rey quien da a su reino majestad, gloria, honra y dignidad. Podemos decirlo a voz en cuello: ¡gloria al nuevo Adán!, quien tiene un reino establecido en el cielo y vino a hacer un nuevo hombre en Cristo.

Si Él ya tiene un reino, vino a buscar a sus nuevos ocupantes.

Juan 18: 36 – mireino es de este mundo- contesto Jesús-. Si lo fuera, mis propios guardias pelearían para impedir que los judíos me arrestaran. Pero mi reino no es de este mundo.

Así habló Él de los nuevos ocupantes del reino:

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Están en el mundo, pero no son del mundo. Juan 17: 16 También dijo vuestra ciudadanía está en los cielos. Filipenses 3: 20 Lo ha señoreado de maneras diversas, visibles e invisibles, como a Él le parece. La ha mostrado hermosa y adornada, como aquella nueva Jerusalén.

Señorea sobre su hermosura. Ezequiel nos da una pequeña muestra de lo que Él ha hecho, no en una institución, sino en su cuerpo a nivel mundial.

Ezequiel nos dice que hubo: Baño = limpieza (habitar en Él)

Perfume = olor del nuevo Adán (Cristo)

Vestidos = en nuestro caso, de salvación Alimento = harina refinada; Cristo es el pan que debemos comer Hermosura = perfección (escondidos en su resplandor)

También hemos recibido, bajo su señorío, la seguridad de que su reino no podrá ser derribado bajo ninguna circunstancia. Daniel lo expresa con claridad al hablar de su reino.

Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasara, y su reino uno que no será destruido. Daniel 7: 14.

La Biblia dice que el evangelio es poder de Dios; esa potencia de Dios se manifiesta en Jesucristo.

Romanos 8:38,39 nos dice que ese reino se hace indestructible por el señorío adquirido.

En su señorío de la iglesia o de su reino terrenal con los suyos, dice que no se rompen sus estructuras por ninguna de estas cosas: la muerte, la vida, los ángeles, principados, potestades, ni los tiempos, ni las alturas, ni las profundidades, ni nada creado.

Podemos decir —al menos, hablo con quienes podamos creerlo así— que fue una gran bendición conocer a este rey de talante semejante, invicto y sin derrotas. Estar en Cristo sí es un verdadero milagro.

El señorío de Jesús sobre sus hijos Romanos 14:8,9: Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Asi pues, sea que vivamos o que muramos, del Señor somos. Para esto

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mismo murio Cristo y volvió a vivir, para ser Señor tanto de los que han muerto como de los que aun viven Llegar a este último episodio es gratificante: nos permite contemplar un poco más su anchura, profundidad y longitud. El primer tema de este módulo fue el hombre, y con el hombre terminaremos. Nuestro propósito ha sido mostrar al segundo Adán y su obra magnífica.

Parece un poco complejo este tema del señorío porque el ser humano, en su naturaleza caída, ha sido esclavo de algo que señorea en él: esa naturaleza caída llamada pecado. Por lo tanto, el pecado señorea sobre el ser humano muerto en su esencia espiritual.

Podríamos decir que el hombre no tiene pecados, sino más bien, el hombre es pecado.

Hablar de ese señorío que se encuentra en el ser humano es hablar de leyes introducidas y códigos establecidos para un patrón de comportamiento, para así ejercer un poder sobre el hombre del que al hombre intelectual le es imposible zafarse.

El pecado es un ente vivo, así como la misma muerte es un ente vivo, tanto que el Señor la amenazó de muerte… Le dijo: «Oh, muerte, yo seré tu muerte», o sea, estaba viva la muerte.

En la aparición del postrer Adán, las palabras clave son contundentes frente a este ente, o gran mal vivo, llamado pecado. Juan lo señaló y se lo advirtió al mundo y a todas las fuerzas habidas y por haber: «He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo».

Podríamos hasta este momento señalar que el hombre natural tiene un gran problema al no cambiar de señorío, ya que ese señorío esclaviza.

Pero el señorío de Cristo liberta al hombre. El nuevo señorío en los regenerados es algo mucho más grande: recibir garantías y la tranquilidad que produce tener a Jesús como Señor de mi vida. En un futuro, seguramente no muy lejano, se cumplirá aquello que mencionamos ahora: el Cordero de Dios que quita el pecado será destruido por completo en el momento exacto de la glorificación, cuando los cuerpos serán transformados. Ahora hay un gemir por ese instante de nuestra vida.

Seguramente, al leer este escrito, algunos pensarán que ya no se verían las luchas entre las dos naturalezas; pues la noticia es que todavía ese ente se encuentra en nosotros.

Romanos 6:12 nos relata una realidad fuerte. Nos dice que ahí se encuentra el enemigo, solo que no le permita reinar.

«No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que le obedezcáis en sus concupiscencias». Esto nos indica que esa es la prueba de que soy de Dios al enfrentar esas dos naturalezas. No es cuánto resisto hacer cosas o pecar; es, más bien, cuánto va creciendo Jesús en mi interior. El apóstol Pablo tenía experiencias de esta índole. Él no tenía un cuerpo

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glorificado para poder enseñar estas cosas; más bien, expresaba con mucho temor, pero con verdad, sus propias luchas.

Parece muy extraño escuchar al gran apóstol Pablo referirse a cosas tan fuertes, ser tan sincero al confesarlas y, por ende, enseñar que el pecado aún estaba en Él. En Romanos 7 en adelante nos dice cosas muy reveladoras.

Y es el reconocimiento de que el pecado vivía en él.

Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.

Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena.

De manera que ya no soy yo quien lo hace, si no el pecado que mora en mí.

El verso 20 repite la idea: ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.

En el verso 21 vuelve a decir: «hallo esta ley: que el mal está en mí».

La ley solo le mostraba su problema, que solo se ve solucionado en la medida del señorío de Jesús en mí.

Pero sin erradicar por completo ese problema del pecado, hasta ser transformado conforme al cuerpo de Jesús. Filipenses 3:21.

Este escrito quiere expresar algo muy importante y dar la gloria a quien le corresponde: Jesucristo.

En Romanos, Pablo también habla de esto para mostrar el poderío del señorío y su resultado.

Romanos 5: 21. Para que, así como el pecado reino para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante jesucristo, Señor nuestro.

Aquí nos muestra un pecado que reinó y trajo sus consecuencias, pero también se ve un triunfo sobre ellas.

Aquí vemos a un Señor que no esclaviza, sino que ama, liberta, convence y garantiza. Estar bajo su señorío no es solo obediencia: es morir para que Él viva. Eso nos lleva a los primeros textos del tema.

Si vivimos ¡Somos de el ¡eso de que él sea mi señor, me da garantía en vida Si morimos ¡Para el Señor morimos ¡que señorío aún más allá de la muerte ¡ Él es Señor tanto de los vivos como de los muertos.

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Lo que legitima a Jesús para ejercer el señorío en su obra salvífica es que murió y volvió a vivir. El texto dice que fue «señor de vivos y muertos».

Qué importante fue cambiar de señor: fue lo más lindo que nos pudo pasar. En Él lo tenemos todo: dejarnos señorear por su amor, sumergirnos en Él y experimentar que nos fue entregada una heredad de gloria, de vida y de sustancia. Cabe recordar que no vinimos al mundo a conocer el mundo, sino a conocerlo a Él.

Porque de él, y por él y para él son todas las cosas.

Estar en Él es conocer el cielo: plan perfecto para hombres imperfectos, con la garantía de ser como Él en su cuerpo de gloria.

¿Qué no logró Él que no sea para mí? Aunque las luchas están vigentes, no importa cuántas sean ni de qué índole; lo que cuenta es el milagro de estar en Él.

Ser sellados en él Ser santos en él Ser conocidos en él Ser hallados en él Y ser salvados en él No a nosotros oh Jehová, no a nosotros, sino a tu nombre la gloria.

Gracias, Dios, por tanto amor.

Hagamos al hombre… Y fue HECHO en Jesucristo