Hagamos al hombreEtapa 5: Mi Iglesia
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Etapa 5: Mi Iglesia

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Etapa 5. Mi Iglesia

Lo que Dios unió, que no lo separe el hombre

Uno con Él para solución

Es fascinante hablar de la iglesia después de todo el material expuesto en las páginas anteriores, donde hemos tratado la salvación, la seguridad y las victorias en todos los aspectos de la vida espiritual.

Dios quiso realizar todo eso en algo o, más bien, en alguien llamada iglesia (Cristo), una palabra que literalmente no se encontraba en el Antiguo Testamento.

En el Antiguo Testamento, la idea de iglesia se expresaba con la palabra hebrea «Qahal», que significa asamblea o congregación. Se representaba mediante un pueblo, en este caso Israel, reunido con fines religiosos, como en las fiestas, o sociales. Dios quiso unirlos mediante sus mandamientos para que compartieran un mismo propósito y formas de vida, y para que fueran reconocidos por su identidad y unidad.

Así les daba una garantía de permanencia. Las fuerzas humanas han tratado de exterminarla, pero no lo han logrado, por las promesas de Dios.

El Antiguo Testamento nos muestra a Cristo por todas partes. Él tuvo una idea llamada iglesia, que en griego sería «ekklesia» y tendría el sentido de congregación.

«Estar fuera de»

Es convocar a un grupo de personas para reunirse en torno a un propósito.

Pero Dios quiso asegurar que el vínculo fuera aún más fuerte: indisoluble.

La palabra puede no caer bien en mentes formadas de tal manera que pensarían que hablar de algo indisoluble es una herejía.

Indisoluble = no se puede disolver, deshacer, separar o romper; firme, sólido, inseparable, perdurable = una misma sustancia.

Todo comienza con una acción muy significativa para los seres humanos, que daría algunas luces sobre algo capaz de dejar perplejos a sabios y doctos: algo incomprensible para las mentes naturales y, al parecer, también para muchos niños espirituales. Lo más difícil es escuchar a maestros de la Palabra sembrar incertidumbre acerca de una iglesia que, según ellos, no ofrece ninguna garantía para el propósito para el cual fue formada. La acción que se llevaría a cabo ocurrió en el huerto del Edén.

Hablemos de sustancia

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Génesis 2: 22: Y de la costilla que jehová Dios tomo del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre.

Con ojos naturales vemos allí a un hombre y a una mujer de una misma sustancia, tanto en el aspecto corporal como en el espiritual.

Lo que Dios unió que no lo separe el hombre

Génesis 2: 21-24: Leer el relato de Génesis en estos versículos es asombroso, porque muestra que el arquitecto de aquella obra edénica tenía un plan desde antes de la fundación del mundo. Al crear una pareja de la misma sustancia y con características particulares, apuntaba a un futuro que partiría en dos la historia del mundo. Veamos las características, los modos o las etapas de este proceso de formación de la sustancia.

Formar un hombre. No es un dato menor que viniera a este mundo sin necesidad de una mujer: la sustancia de Dios fue impregnada en él.

Dios le dio algo hermoso: imagen y semejanza. Recordemos que todo tenía un propósito futuro, cuyos resultados veremos y serán grandiosos.

Vio la necesidad de darle al hombre una compañera que estuviera con él para siempre y fuera complemento en el desarrollo de sus vidas. Pero esto también tenía un propósito hermoso.

Sueño profundo. Ese sueño tenía el propósito de unir sustancias: Dios abrió su costado, sacó una costilla y lo cerró.

Suceso con propósito. Hizo una mujer sin necesidad de un hombre, pero con un gran propósito futuro. Dice: hizo una mujer, y se la trajo al hombre.

Declaración. «Esto ahora es hueso de mis huesos y carne de mi carne; porque del varón fue tomada». Esta sustancia los entrelaza y los hace uno. Es una declaración y un grito de alegría, victoria y complemento.

Lo que se quiere decir es que, al instituir la primera pareja de seres humanos, se estaba pensando en una palabra: iglesia.

Esto se lograría mediante formas muy semejantes a las que acabamos de narrar. Es asombroso que aquella pareja fuera la figura de un propósito para toda la humanidad.

Dios, creador de todas las cosas, ya lo había planeado todo y esperaba el momento para cumplir su obra redentora.

Las Escrituras deciden llamarlo —y creo que no caprichosamente— el segundo Adán o el postrer Adán.

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Sin necesidad de varón. El segundo Adán vino de una manera distinta, sin una relación entre hombre y mujer. Era urgente formar un nuevo hombre; la sustancia original estaba de regreso.

Su compañera ideal. Era necesario que el postrer Adán entrara en un sueño profundo. Dios lo hizo de una forma extraña, pero planeada, y en un escenario muy distinto al huerto del Edén.

Antes de caer en ese sueño profundo, el segundo Adán pronunció palabras como «porque me has abandonado», «tengo sed» y el gran grito de aquella tarde: «CONSUMADO ES». Luego Dios lo hizo caer en aquel sueño profundo y le abrió el costado; de allí salieron agua y sangre.

A partir de ese momento, el postrer Adán tuvo compañera: la iglesia.

Le fue entregada. Así como al principio Dios puso a la mujer en manos de Adán, ahora Jesús dice: Mi padre que me las dio es mayor que todos y nadie las puede arrebatar de las manos de mi padre Declaración: Así que no son más dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre.

En la resurrección del nuevo hombre, esa nueva sustancia vuelve para quienes han sido vinculados a este programa. Como venimos tratando en este manual, hay seguridad y victorias en Cristo; la declaración es firme: lo indisoluble no se discute.

Romanos 7:4: «Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios».

Según Jesús, nada podría prevalecer contra la iglesia. Habló de su indestructibilidad.

Indisoluble.

Una iglesia ya hecha.

Efesios, la carta que más exalta a la novia de Cristo, nos da esta idea: una iglesia perfecta y conquistada para siempre.

Efesios 2:6: «Y juntamente con él nos resucitó». (Pregunta: ¿Pablo era creyente? ¿Por qué, pues, dice que ya estaba resucitado antes de ser creyente? Y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús.)

Podemos decir que Cristo ya terminó lo que está terminando: que la iglesia que Él ve no se pierde, a pesar de lo que algunos anuncian. Dicen que hay que tener mucho cuidado porque

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puede perderse de nuevo; en otras palabras, que puede perderse de nuevo la sustancia.

¡Qué desastre: ridiculizar la obra de Cristo contradiciendo lo que Él mismo aseguró!

Efesios presenta una nueva analogía entre el matrimonio, la iglesia y Cristo. El mismo texto afirma que Él ya la lavó por su palabra, a fin de presentársela como una iglesia gloriosa, sin mancha, ni arruga, ni cosa semejante, santa y sin mancha. Efesios 5: 25-27.

Si ya está limpia, es: GLORIOSA, SIN ARRUGA, SIN MANCHA.

Pienso que estar sentados con Él en los lugares celestiales no da lugar a devolver gente desde allá. Lo que Dios unió, que no lo separe el hombre.

Organismo

Uno con Él para función Efesios 5: 23: Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su salvador.

Después de recorrer las enseñanzas anteriores, vemos que la iglesia ya estaba formada desde antes de la fundación del mundo. Creemos pertenecer a ella por la obra realizada en la cruz del Calvario.

Pero en este mundo físico, donde vivimos y ocupamos un lugar como iglesia, existe una iglesia a nivel mundial que cumple una función como cuerpo de Cristo. Este es un asunto importante que necesitamos conocer con mayor profundidad. Es necesario comprender que ese cuerpo es Cristo, conformado por personas rescatadas del mundo de pecado, transformadas y hechas nuevas para un fin muy importante.

Ser injertados El injerto es una técnica de multiplicación asexual en la que se unen partes de plantas diferentes para que crezcan como una sola.

Esta palabra es importante porque habla de una unión con propósito. En el versículo que veremos a continuación, se refiere a un milagro que debería sorprendernos profundamente, no solo al leerlo, sino también al experimentarlo.

Romanos 11: 24: …si Dios te corto de un olivo silvestre, del cual eras parte, y te injerto en su propio olivo, contra tu condición natural… Hasta este momento, en todo lo escrito en este manual hemos visto cosas hermosas que muestran a un gran Dios con un gran plan y un gran final.

Incorporar = incluir o integrar una parte en el todo.

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Unirse en un solo cuerpo o como un solo cuerpo.

Cuando Cristo murió y fue sepultado, ocurrió el acontecimiento trascendental del cristianismo: su cuerpo resucitó de entre los muertos.

Al ocurrir este acontecimiento, sucedió algo maravilloso y simbólico que muestra, una vez más, que su obra es perfecta. Al resucitar su cuerpo, resucitó su iglesia, que es su cuerpo. Su propia palabra dice: muertos con él, sepultados con él y resucitados con él. Esto significa una resurrección corporativa: fuimos incorporados a su cuerpo, es decir, a un organismo vivo y funcional, muy funcional.

Organismo

Un ser vivo individualizado, compuesto por materia orgánica y con capacidad para realizar funciones vitales como la nutrición, el crecimiento, la reproducción y la adaptación al entorno, además de mantener un equilibrio interno e intercambiar materia y energía con el medio.

Una vez definido qué es un organismo, podemos ir al centro de lo que tratamos: el cuerpo de Cristo. Para eso iremos a: Romanos 12:4, 5: «Así como nuestro cuerpo tiene muchas partes y cada una desempeña una tarea diferente, así sucede con la iglesia. Somos muchos miembros, pero formamos un solo cuerpo, y entre nosotros hay una dependencia mutua».

Es extraordinario ver que la Palabra responde a nuestras inquietudes. Para comprender cómo funciona el cuerpo, haremos un recorrido panorámico, no muy profundo, que nos ayudará a entender aquellos conceptos relacionados con la antropología que el mismo Dios puso en palabras, para que lo espiritual sea más fácil de apreciar.

Células: Las células siguen un proceso en el que una termina dando origen a otra igual. A veces, una célula nueva sale alterada o deforme y no es igual a la original. Cuando eso ocurre, el cuerpo realiza un proceso llamado apoptosis, es decir, elimina esa célula por ser distinta de la original.

Cuando no ocurre la apoptosis y la célula defectuosa continúa en el cuerpo, empieza a reproducirse y a generar células como ella. A esto se le llama cáncer.

Las células ya nos enseñan algunas cosas sobre el funcionamiento correcto del cuerpo.

Reproducción = se reproduce una denominación o una sustancia.

Defensa = células del sistema inmunológico cuya función es defender el cuerpo.

La falta de atención traerá consecuencias poco agradables.

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Leucocitos o glóbulos blancos Protegen el cuerpo y circulan por el torrente sanguíneo.

Cuando alguien se corta, hay una señal de peligro. Los leucocitos cercanos rodean la infección que entró y comienzan a combatirla. ¡Qué bueno que al cuerpo se le haya dado un sistema de defensa!

Corazón El corazón es un órgano importante; recordemos que aquí lo usamos principalmente como analogía entre el cuerpo humano y el cuerpo místico de Cristo. Es el órgano principal del aparato circulatorio, está situado en la cavidad torácica y funciona como una bomba que impulsa la sangre por todo el cuerpo. Así se oxigenan las células y pueden funcionar correctamente los demás órganos.

Por eso la Biblia recalca: «sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón». El ejemplo es palpable: la cavidad torácica.

Pulmones El corazón y los pulmones forman parte de sistemas vitales. Ambos están protegidos por las costillas.

Respiración. El aire tiene que ver con el espíritu: que el cuerpo de Cristo tenga libertad para respirar, sin ser agobiado.

Huesos Cumplen varias funciones, entre ellas proteger y sostener el cuerpo.

Músculos Dan movilidad a nuestro cuerpo y mantienen erguida nuestra postura.

También protegen las articulaciones.

Piel = Es el órgano más grande que tenemos. Su función es proteger el organismo y tiene tres capas.

Tendones Conectan los músculos con los huesos y transmiten la fuerza a todo el esqueleto.

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La Biblia habla en muchos pasajes de una iglesia que es el cuerpo de Cristo, es decir, Cristo mismo. Al ser injertados en él, funcionamos en él, para que el cuerpo de Cristo muestre a Cristo impartiendo vida.

Efesios 5: 29, 30: Porque nadie aborreció jamás su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como Cristo a la iglesia. Porque somos miembros de su cuerpo, de su carne, y de sus huesos Comprender este misterio —pertenecer al cuerpo de Cristo— debería llevarnos a un amor constante y a una vida incluyente. Si Cristo nos incluyó en él, el resultado debería ser que él sea mostrado a través de mi vida en función.

Llevar este mensaje a las personas que no conocen a Cristo es una señal clara de que funcionamos como cuerpo y no como individuos. Funcionar como cuerpo es la idea de Dios.

Independientemente de cómo se llame una denominación, algunas denominaciones piensan que ellas solas constituyen todo el cuerpo de Cristo. Sin embargo, creo que esto merece una reflexión más cruda y sincera. Si el cuerpo de Cristo está en todo el mundo, podríamos pensar que funciona como los órganos de un cuerpo mundial, cumpliendo las tareas que corresponden a cada uno. Es decir, en diferentes «organizaciones» se reúnen personas para funcionar como un órgano específico que ayuda al desarrollo del cuerpo a nivel mundial.

Puede parecer una idea muy atrevida, pero creo que, a mi manera de ver las Escrituras, es la que más se acerca a la verdad.

Esto no se trata de recibir cargos, sino de reconocer la funcionalidad del cuerpo.

Creo que esta es una de las mayores frustraciones de la vida eclesial: muchas personas, al ser retiradas de ciertos cargos, han pensado que ya no valía la pena seguir dentro de una organización. Esto ocurre porque los dirigentes no han comprendido que no se cambia de «corazón» a «hígado» por simple capricho. Según el don que se le haya dado a cada uno, debe ministrarlo: eso es funcionar, no ocupar un cargo.

Conocer el plan de Cristo —es decir, a Cristo mismo a través de su cuerpo— es mucho más que hacer un culto de «avivamiento» o mirar quién predica o canta mejor.

Por ejemplo, Colosenses 2: 19 dice: Y no asiéndose de la cabeza, en virtud de quien todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios.

Es Cristo quien hace cosas por medio de mí. Que Él se forme en mí significa permitir que la cabeza lo dirija todo.

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1 Corintios 12:14 nos da un gran panorama del funcionamiento de este cuerpo y confirma lo enseñado en estas líneas. Se recomienda leerlo en casa con cuidado.

Familia

Uno con Él para comunión

Efesios 3: 15: De quien recibe nombre toda familia, tanto las que están en los cielos como las que están en la tierra.

Hablar del vínculo de Dios con la humanidad que ha recibido salvación en Él es algo profundamente impresionante, elocuente y contundente.

Quienes hemos seguido las enseñanzas de este texto sabemos de qué hablamos: vemos una iglesia ya terminada y, a la vez, en construcción. Jesús dijo: «sobre esta roca edificare mi iglesia».

Por eso este manual se llama Hagamos al hombre. Habla de una iglesia hecha por medio del cuerpo de Cristo, que es la iglesia. También podemos decir que Cristo es la iglesia: un vínculo corporal y, como ya vimos, celestial. A esto se suma otro vínculo: la iglesia como familia, tema de esta hermosa sección.

La iglesia como familia Es una estructura social que se forma mediante vínculos de consanguinidad o afinidad entre sus miembros y que está reconocida legal y socialmente, como ocurre con el matrimonio y la adopción.

Dios quiso dar a su pueblo el calificativo de familia. Como hemos dicho varias veces, no lo hizo por capricho, sino conforme a un propósito estructural. Él conoce los lazos que esta palabra genera en la humanidad; es una expresión de un deseo divino.

Hay diferentes palabras para definir familia: Linaje, estirpe, parentela, descendencia, hijos, colectividad.

Desde el punto de vista de la estructura social, existen distintas formas de familia: Familias nucleares (padre, madre e hijos)

Familias extensas (con otros parientes)

Familias monoparentales (un solo padre)

Familias DINK (parejas sin hijos que posponen o renuncian a la maternidad o paternidad)

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Estos datos muestran la diversidad de roles que puede haber en una familia. Por lo general, Dios toma las formas humanas y las lleva a un término espiritual, para que su funcionamiento sea aún más excelente.

Funciones de una familia: la reproducción, la socialización, el cuidado de los miembros más vulnerables y la transmisión de valores y cultura.

Ahora nos adentraremos en la familia espiritual, es decir, en la iglesia.

Hacerse un nombre o tomar un nombre ¡Qué lindo es comprender este aspecto del programa de Dios! Él quiere dar un vuelco total a nuestras vidas y establecernos como una familia con nombre.

En la antigüedad, algunos personajes se sentían muy orgullosos de pertenecer a una familia con ese nombre.

Sin embargo, se convirtieron en una familia que cambió los propósitos del Padre.

Juan 8: 33: Le respondieron linaje (familia) de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Como dices tú, seréis libres?

Se convirtieron en una familia prepotente. La prepotencia lleva a la amnesia o al alzhéimer y hace que se desvalorice lo recibido. Estos antepasados habían sido rescatados de la esclavitud.

Decían con orgullo que pertenecían a una familia especial: «Somos de nuestro padre Abraham». Pero Dios los cambió de familia: «vosotros sois de vuestro padre el diablo».

Ser hijo da estabilidad para siempre: Juan 8:35 dice: «El esclavo no queda en casa para siempre; el hijo, sí…»

En Romanos 9:4, el pueblo de Israel fue adoptado como hijo de Dios. El Señor le mostró su gloria divina; le dio los pactos, la ley, el culto y las promesas.

Esto nos habla de la importancia de ser familia, así como de las funciones y beneficios que eso trae. Pero ¿a qué familia pertenecíamos nosotros?

Efesios 2: 12 nos va abriendo el panorama para un cambio de rumbo y nos dice: En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.

Ahora, un solo hombre, Jesús, viene a formar una familia y a darle un nombre que también ofrece garantía.

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Efesios 2: 19 nos libera de las ataduras y de la orfandad, y nos declara santos y miembros de la familia de Dios.

El versículo lema nos deja una enseñanza importante que conviene mirar con atención.

El cielo funciona como una familia; eso es lo que Dios quiere que ocurra en la tierra desde su fundación.

Tomar el nombre de Dios es asumir una posición familiar celestial, pues él es el origen y el modelo de lo que significa ser padre.

El Padre nuestro contiene ideas muy interesantes y comienza con una expresión filial muy fuerte.

Padre nuestro. De ese Padre, el mismo Jesús dijo: «yo les he dado a conocer tu nombre». Por eso Efesios 3: 15 habla de tomar nombre: es afiliarse a los derechos y honores de una familia con proyección celestial.

Pertenecer a la iglesia es tener una familia aquí en la tierra. Por eso Jesús dijo: «No se alegren por echar fuera demonios; alégrense porque sus nombres estén inscritos en el libro de la vida».

Dice Isaías 43:7: «Todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los creé, los formé y los hice».

La iglesia fue creada con propósito: la unidad. Como dice nuestro encabezado, uno con él para comunión.

Al parecer, somos una familia monoparental —de un solo padre—, que a la vez se traduce en el hermano mayor. Tenemos un gran propósito: darlo a conocer a quienes viven en orfandad.

Eso es reproducción.

La socialización y el cuidado de los más vulnerables también forman parte de una familia.

Aunque sabemos que la iglesia es Cristo, Él le dio la característica de interactuar dentro de este concepto familiar.

«En eso conocerán que son mis discípulos, en que se amen los unos a los otros». No es romanticismo novelesco, sino identidad y nombre, traducidos en una palabra que muchos menosprecian hoy: familia. Piensan que no necesitan pertenecer a una familia, aunque esta haya sido una desgracia en muchos momentos.

Mateo 10: 25. Bástale al discípulo se cómo su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron belcebú, ¿Cuánto más a los de su casa ¿

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Cualquiera que sea el costo, lo que importa es el honor de ser llamados hijos de Dios y pertenecer a una familia que Dios rescató de la nada.

Mi iglesia

Administración

1 Corintios 4:1: Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios.

En la primera parte de este tema sobre la iglesia vimos que Dios ya la contemplaba terminada, aunque todavía la está formando en la tierra. Es inadmisible que algo que se está haciendo no cumpla con normas básicas de estructura y orden.

La iglesia puede reflejar mejor los pensamientos de Dios, y una buena administración permite honrarlo. La Palabra usa un símil en cantares 6: 4: Hermosa eres tú, oh amiga mía, como Tirsa; de desear, como Jerusalén; imponente como ejércitos en orden.

Podríamos volver al principio, donde Dios mismo se ocupó de poner las cosas en orden: Génesis 1: 2: Y la tierra estaba desordenada y vacía. Dios comenzó a poner orden, y ¡de qué manera!

Hagamos al hombre es un título espectacular. El postrer Adán viene a ejercer esa labor: poner orden en una creación caída y desordenada, en la que estábamos todos aquellos a quienes Dios encontró. Recordemos que se trata de darle orden.

El hombre es un ser: desordenado y vacío; es tierra. Este es el cuadro que vimos en Génesis 1:2.

Todo lo que hemos visto en estos escritos revela una estructura y un orden asombrosos. Por eso, la iglesia no debe parecer una organización sin timón.

Recordemos que la iglesia existe para mostrar a Cristo.

La administración eclesiástica debe procurar ser una disciplina del Espíritu Santo que haga realidad el amor de Dios, que está en Cristo Jesús, en la vida individual y social de las personas. Correctamente entendida, tiene una cualidad viva y dinámica: es una ciencia, un arte y un don.

Al examinar la Biblia, parece que encontramos un libro de administración de principio a fin.

Hay muchas cosas que administrar. Para ello existe la palabra mayordomía, que proviene del griego «oikonomías» y significa administrador.

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Entre ellas están el trabajo, la casa, el hogar, el dinero, los dones, el rebaño y el tiempo.

Por ejemplo: Administrar la exaltación: hacia arriba Edificación: formación de Cristo en mí, hacia adentro Evangelismo: proclamación, hacia afuera Una verdadera unión con el Salvador genera el cuidado de estas tres áreas.

En la Palabra de Dios encontramos figuras que muestran la necesidad de recibir administración en muchos aspectos.

La Biblia habla del rebaño y del pastor con este mismo propósito: que Cristo sea formado en mí y en todos.

Un eunuco viajaba a Jerusalén y leía algo que no entendía. Dios envió a Felipe a su encuentro. Felipe le preguntó de inmediato: «¿Entiendes lo que lees?». La respuesta fue: «No tengo quien me explique».

Efesios 4:11 y siguientes deja claras muchas cosas, entre ellas: Él dejó a personas dedicadas a este servicio y aclaró que es Cristo en mí quien lo desarrolla. Es Cristo en mí haciendo ministerio; en otras palabras, administrando su obra o su cuerpo, si así queremos llamarlo.

Constituyo apóstoles, profetas, evangelistas, pastores, y maestros… con un fin, perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.

El propósito no es que los instrumentos se lleven el reconocimiento, sino que se reconozca a quien hace que funcionen.

El rebaño necesita ser administrado conforme a la voluntad de Dios.

Hechos 20: 28 por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispo, par apacentar (administrar) la iglesia del señor, la cual el gano con su propia sangra.

Porque yo sé que después de mi partida entraran en medio de vosotros lobos rapaces que no perdonaran al rebaño.

Estas palabras expresan el deseo de Dios de que su obra sea administrada.

Es evidente que la mala administración de las personas en la iglesia ha llevado a que se sientan abusadas, monopolizadas, estafadas y engañadas, cumpliéndose así lo que acabamos de leer en el libro de los Hechos.

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Esto no elimina la necesidad de administración y orden en la iglesia de Cristo. El Nuevo Testamento es un manual de administración; si pensáramos lo contrario, tendríamos que vaciar la Biblia y se perdería su esencia: exaltar a Cristo mediante el orden, la edificación y la administración.

La administración de los asuntos locales surgió con el aumento de personas en el cuerpo de Cristo y la necesidad de contar con lugares para reunirse.

La mayordomía económica, o administración, también forma parte del programa del reino de Dios. No diré que esto incomoda a todos, pero sí a algunos.

Destino

Destino

Venimos hablando de una iglesia en victoria. No debemos olvidar que todas las victorias se deben a lo que él ya hizo.

Al principio, Dios organizó todas las cosas para que el hombre encontrara todo dispuesto al ser creado: un lugar, un ser humano y el gran Dios.

Después de que el hombre cayó de su lugar, Dios tuvo un propósito que cumplir.

Ahora parece ser al revés: primero, hacer al hombre. Ese es el título de este manual: hagamos al hombre.

Luego, disponer un lugar para ese nuevo hombre. No debemos olvidar que está en Cristo. Por eso, en estos escritos, toda gloria humana en la salvación del ser humano queda excluida.

Así lo dijo el mismo Señor: Juan 14:2: «En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros».

Conviene considerar cuál es el lugar al que seremos llevados. A muchos les entusiasma la palabra «cielo», y tal vez eso los motive a seguir. Al fin y al cabo, lo que importa es estar con Él; dondequiera que sea, será nuestro mejor lugar.

Él tiene una estrategia muy interesante, basada en el principio de las cosas.

Puso un hombre en la tierra y luego le hizo una mujer; los hizo esposos. Un paraíso para dos.

Lleva a la novia adonde está el novio.

La saca del mismo hombre para que sean uno, de sus propias entrañas, de modo que formen una sustancia indisoluble.

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Él llama a un pueblo hebreo y establece costumbres relacionadas con su propósito.

Hay un famoso versículo que alude a este tema tan interesante: «Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en los cielos, ni el Hijo, sino el Padre». Por eso, el lugar donde estará la iglesia no es un asunto que aparezca solo en el Nuevo Testamento: estaba planificado desde antes de la fundación del mundo. Por eso hay que descubrir a Jesús en los escritos de la ley.

La victoria obtenida en la cruz del Calvario es tal que la iglesia ya aparece en lugares celestiales con Cristo, aunque todavía está en la tierra. Por eso este manual es libertador.

No se trata de ser calvinista o sabeliano, sino de escudriñar sin temor.

Porque ahí está la libertad.

Todos los seres humanos aspiramos a un lugar mejor donde habitar y a que exista una trascendencia. Muchas personas buscan esto en distintos lugares.

Por ejemplo, en el budismo y en algunas religiones de la India se busca el estado supremo de liberación, armonía y calma. Se cree que se alcanza mediante la iluminación y la extinción del deseo, el apego y el sufrimiento, lo cual pondría fin al ciclo de reencarnaciones y permitiría llegar a un estado de pureza.

Ese deseo parece sano y orientado a un buen fin, pero el destino se busca de manera equivocada: creen que se alcanza después de varias reencarnaciones. Esto nos hace ver que se ha dejado de lado la fuente de todo lo que anhelan.

La reencarnación consiste en volver al mundo después de morir y tomar otras formas. Sin embargo, según Jesús, fuente de la vida, no existe.

Hebreos 9:27 dice: «Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después el juicio».

Por lo tanto, con un concepto tan errado se pierde la posibilidad de una vida en el cielo. Para casi todas las personas, el cielo es un lugar; en este caso, tienen razón al pensar en un lugar, pero la mejor definición del cielo es un estado, más que un lugar.

La mayoría de las personas rechaza ese gran estado de vida al no aceptar la fuente segura de esa eternidad.

Vivir en Cristo es aceptar el mejor estado de vida para la eternidad. Por esa razón, es tan urgente conocerle a él.

El destino de la iglesia es un destino de perfección de vida.

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Muchos podríamos concentrarnos más en la belleza de un lugar físico que en la perfección que tendremos al ser salvados.

Un estado de paz. Hoy las personas buscan desesperadamente un lugar donde vivir en paz, como si todo dependiera del lugar. Sin embargo, el estado del hombre salvado está en él mismo.

Otra característica que busca el hombre es estar en un estado de gozo. No se trata de la alegría efímera, sino de un gozo perpetuo.

Un estado de ausencia del dolor.

Será un estado de vida permanente, porque la muerte ha sido burlada y derrotada.

Las lágrimas ya no harán parte de nuestro nuevo estado.

Será un estado atemporal; no habrá tiempo que nos limite.

Un estado de luz permanente, porque el Señor Dios Todopoderoso lo iluminará todo con su gloria.

Será un lugar de gobierno y servicio, además de adoración.

La pregunta sería: ¿queremos ir al cielo o que ese cielo, que es un estado, esté en mí?

Sin duda, el lugar de gobierno será espectacular, pero no igualará el verdadero destino del salvado por Dios: un estado inalterable de gloria.

Colosenses 2:10: «Y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad».