Etapa 3: Victoriosos
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Etapa 3. Victoriosos
Frente a tu alma
Victoriosos frente al alma
Hebreos 6: 17-20: …La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo Donde Jesús entro por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec Después de considerar un poco la victoria que el Espíritu dio a nuestra vida y la seguridad que ese acontecimiento ofrece a la iglesia, nos queda, para finalizar esta sesión, mirar la victoria frente al alma. Sin duda, quienes somos espirituales nos hacemos preguntas y, a veces, no encontramos respuestas.
Solo vemos algunas «derrotas» que han tenido consecuencias poco agradables en la vida de muchas personas.
La victoria frente al alma no deja de ser muy importante para la cristiandad.
En hebreo, «alma» es «nefesh», palabra que se refiere a la esencia de la vida. Según algunos estudios, en ella se encuentran tres aspectos elementales para el futuro del hombre, a saber: Emociones Voluntad Intelecto Aquí ya estaríamos hablando de gobierno. Esa palabra es muy interesante en relación con las victorias que presentamos en este texto.
Emociones = sensorial Se puede afirmar que las emociones desempeñan un papel crucial y constante en nuestras vidas, pues influyen en nuestras decisiones, acciones y relaciones.
Influencia en la toma de decisiones Las emociones pueden nublar el buen juicio o, por el contrario, orientar decisiones racionales.
Motivación y comportamiento Emociones como la alegría, el miedo y la tristeza pueden motivar poderosamente nuestras acciones.
Salud mental y física
El manejo de las emociones tiene un impacto significativo en el bienestar general, tanto psicológico como físico.
Interacción social
Las emociones se expresan y se perciben en la comunicación interpersonal, y afectan la manera en que nos relacionamos con los demás.
Aunque las emociones son parte inherente de la experiencia humana, es importante desarrollar la inteligencia emocional para gestionarlas de manera efectiva y evitar que nos controlen por completo.
La información anterior puede parecer poco importante, porque da la impresión de que lo que no menciona a Dios carece de relevancia. Sin embargo, ayuda a mostrar cuán complejo es el alma del hombre y cómo se comporta; así se entiende un poco mejor por qué Dios considera importante obtener una gran victoria.
En todo el Antiguo Testamento se relaciona el alma con estos tres aspectos: lo sensorial, las determinaciones y el aprendizaje.
El proceder del hombre a lo largo de la historia muestra que su alma no ha tenido una dirección acertada.
Si bien es cierto que el hombre también sabe hacer cosas buenas mediante su accionar almático, creo que hay una razón para ello: comió del árbol del conocimiento del bien y del mal.
El pueblo de Israel tomó sus propias decisiones, tratando de borrar de sí las que provenían de Dios.
No es de extrañar que el ser humano, en todos los tiempos, haya causado tanto daño a sí mismo: muerto espiritualmente y dirigido por su alma, ha sido capaz de grandes inventos para sobrevivir, pero también de autodestruirse.
Esa sentencia tan determinante —«el alma que pecare, esa morirá»— es fuerte, pues no había otra salida para semejante problema.
Creo que una de las victorias más difíciles de percibir es la del alma, porque los cristianos parecemos más almáticos que espirituales. Pablo lo tenía muy claro: nos llamaba carnales.
En este breve estudio usamos el término «almáticos», pues los espirituales tenemos una idea muy alejada de lo que significa la espiritualidad. Ese asunto, sin embargo, no lo abordaremos ahora.
Hay aproximadamente 380 versículos que hablan del alma, y todos nos muestran almas bajo el dominio de emociones y decisiones, muy alejadas de lo espiritual.
Entre ellos hay unos 47 versículos que invitan a afligir el alma; por lo regular, eso era lo que se hacía en la antigüedad. Es apenas comprensible: ¿cómo podría el hombre afligir el espíritu si carecía de ese ente, por así llamarlo? Por eso mucha gente en el cristianismo no ha entendido bien el texto: «Busco adoradores en espíritu y en verdad».
Muchas denominaciones que lloran y lloran parecen muy espirituales.
Ahora todo cambió para el nuevo hombre en Cristo: vive una espiritualidad que terminará siendo vencedora por su nuevo estado en Dios.
Lo que venimos observando es que el hombre estaba sometido por su alma y, por lo tanto, vivía en derrota.
Insisto en que el cristiano de hoy parece vivir derrotado por su estado almático. Esto se debe a que no comprende el verdadero evangelio, cuyo encuentro teme porque cambiaría el concepto que ha sostenido durante tantos años.
Por esta razón, debo mantener la coherencia con lo que hemos estudiado a lo largo de todo este texto, de principio a fin.
La lucha no es pequeña: el hombre siempre quiere aportar algo a la salvación. Que de pronto le digan que Cristo lo hizo todo le parece casi una herejía.
Este escrito tiene una sola idea: darle toda la gloria a quien en verdad la merece por todo lo que ya hizo.
Si en todos los puntos que hemos visto desde el principio encontramos victoria, esta no será la excepción: para eso vino Cristo, para cambiarlo todo.
Podrían surgir preguntas tales como: ¿Mi alma se pierde?
Si aquí aceptáramos eso, echaríamos todo por la borda.
Aunque es cierto que hay que llevar el alma a someterse a lo espiritual y que muchas veces ocurre lo contrario, la victoria está asegurada.
Pero quien no ha entendido la gracia siempre peleará con su ego para quedar satisfecho.
Hay una gran victoria asegurada para el hombre de Dios.
1 Pedro 1: 9: Obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvacion de vuestras almas.
¡Esta es una gran noticia! La fe llegará a su fin y, con ella, llegará la salvación de esa alma que Cristo ya redimió en la cruz. Ese nuevo hombre es Jesús; es impresionante que nos haya
incluido en él. Por eso mi alma es salva: al estar en Él, es salva y no corre ningún peligro. Es necesario mostrar a Cristo mediante nuestras acciones, no para ser salvos, sino porque somos salvos. Esto no es otra cosa que Cristo formandose en nosotros para el desarrollo de su carácter. Lo que pretendo que se entienda es que no se trata de nosotros, sino de él.
Y como si fuera poco: Y, como si fuera poco, 1 Pedro 1:22 nos declara purificados: Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia la verdad, mediante el Espíritu.
Creo que, según el contexto, se habla de alguien que pronunció la misma palabra y aprendió la obediencia: fue Él, Jesús.
1 Pedro 2; 24: Quien llevo el mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el maderom, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis vosotros sanados…porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al pastor y obispo de vuestras almas… ¡Cuánto podríamos hablar de estos textos! Son evidentes: este obispo es quien salvó mi alma.
¡Y qué apropiado terminar con este texto, que nos deja mucho para disfrutar! Repito: no soy yo; fue él.
Hebreos 6: 19: La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo, donde entro Jesús por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre.
(Nota) El ancla más pesada del mundo pesó 36 toneladas y perteneció al barco Happy Giant.
El barco fue desguazado, pero el ancla sobrevivió y está en Hong Kong.
Estos textos dan total seguridad para el alma.
No importa cuánto mi alma trate de ir en contra de lo espiritual: seremos vencedores por medio de aquel que nos amó. Gloria a Dios.
Frente a tu espíritu
Hebreos 9: 14: ¿Cuanto mas la sangre de Cristo, el cual mediate el Espíritu eterno se ofrecio asi mismo sin mancha a Dios, ¿Limpiara vuestras conciencias de obras muertas para que sirvais al Dios vivo?
Después de todo lo que hemos escrito hasta ahora, es evidente que hay una victoria absoluta en aquello que se vino a buscar desde el cielo mismo. Cada vez me convenzo más del alcance de la salvación que se vino a conseguir. Seguramente algunos lectores no estarán de
acuerdo. El problema del porcentaje —cuánto puso Dios y cuánto pongo yo para alcanzar este cuadro de perfección— toca el ego. Para muchos, creer en la victoria absoluta significa quedarse sin piso ni carta de presentación para mostrar lo que hacen y cómo logran esas victorias. Este módulo pretende que los nuevos creyentes vivan en libertad y reconozcan a Dios, sin presumir.
Por eso, este capítulo se ocupa de algo tan trascendental como lo espiritual que se perdió en el Edén.
Estábamos muertos: ese es el lado débil y triste de la historia. Pero también está la parte alegre y fuerte: Dios.
Hay una necesidad espiritual, y eso es lo que se viene a ofrecer. No se trata de un ensayo para ver qué puede salir bien, sino de la propuesta irreversible de vivir para siempre por el Espíritu.
El que no naciere del agua y del Espíritu no puede ver el reino de los cielos. El mismo Señor lo dijo: «el reino de los cielos entre vosotros está». Este punto de ver es muy importante. Lo hemos visto durante años, pero nos da temor conocerlo más profundamente, porque ese conocimiento me obliga a verlo todo de manera diferente.
El que no naciere de nuevo no puede entrar en el reino de Dios. Él vino con el propósito de suplir la gran carencia del hombre.
La idea de Dios es devolvernos a un estado espiritual a través de Cristo.
Creo que lo logró de manera categórica, aunque la mayoría de los creyentes no logra asimilarlo plenamente. Es lamentable.
El mundo cristiano habla de grandes fracasos espirituales y dice que, desde el día de mi nuevo nacimiento, comienza una guerra espiritual en la que corro todos los riesgos de perderme por ser un perdedor en esas batallas.
Una pregunta que se hace un gran porcentaje de los cristianos es: ¿cómo puedo mejorar espiritualmente?
La contrapregunta sería: ¿se podrá mejorar lo que es perfecto?
¿O sería mejor poner en funcionamiento lo que es perfecto, aquello que está a favor de lo imperfecto?
Encontramos al Espíritu vencedor desde el Antiguo Testamento.
Sin duda, hemos atacado mucho la ley, pensando que era nuestra gran enemiga porque nos mostraba cuán incompetentes éramos en lo espiritual. Por eso, este texto solo quiere darle la gloria a Dios por esa obra magna, en la que el hombre no hizo ningún aporte.
Romanos nos muestra que la ley es de carácter espiritual y que, por eso, el hombre natural no era capaz de vivirla. Romanos 7: 14 dice: Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal vendido al pecado El camino solo podía ser allanado por alguien espiritual, que cumpliera una ley espiritual.
Mateo 5: 17.: No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar sino para cumplir. Como diría alguien muy efusivo, y con razón: «¡ALELUYA!». Parecería que nuestro cumplimiento mejoraría o ayudaría a la obra del Calvario para que fuera eficaz, pero no: es Cristo quien obedece y cumple.
Al cumplir las demandas de la ley, se abre un nuevo camino hacia una relación espiritual. En aquel monte se oye el grito más ensordecedor que jamás se haya escuchado en la historia.
«Consumado es»: victoria sobre el mundo, el cuerpo y el diablo. Todo esto es resultado de una gran victoria, la de lo perfecto: una simiente incorruptible.
Por eso, el grito de victoria: Adán, alma viviente; Cristo, espíritu vivificante.
1 a los Corintios 15: 45.
La garantía no está en nuestros esfuerzos: es Él, es Él quien ya lo hizo. Algunos no comparten este pensamiento porque creen que vuelve inútil tener un buen comportamiento; de ese tema hablaremos en nuestro próximo capítulo y aclararemos algunas cosas. Quitarle al hombre el protagonismo en la salvación parece casi una herejía, un insulto al ego para muchos. Este es un texto fabuloso: 1 Pedro 1: 23. Pues ustedes han nacido de nuevo, no de simiente perecedera, sino de simiente imperecedera, mediante la palabra de Dios que vive y permanece.
La verdad es que cada tema aquí es apenas un abre-bocas para ilusionarnos con la posibilidad de ver a Cristo de verdad. Es fascinante.
Quedarnos en este texto y sus contextos devuelve la esperanza a quienes andan desesperanzados por las circunstancias de la vida.
1 a los Corintios 15: 46, 47, 48 muestra una victoria en Cristo: nos introdujo en el terreno espiritual al estar en Cristo.
Quienes hemos nacido de nuevo en el Espíritu tenemos una victoria asegurada.
1 corintios 15: 57 nos dice:
Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria, por medio de nuestro señor Jesucristo.
¿Qué le vamos a hacer? Fue él quien lo hizo.
Podríamos seguir con este tema, que es apasionante, porque ahí se ve la gloria de Dios.
¡Las cosas del espíritu han sido resueltas…! ¡Aleluya!
Frente al cuerpo
Primera a los Tesalonicenses 5:23 Después de comprender con claridad los temas que venimos tratando, incluido el último sobre la seguridad en Cristo, podemos avanzar.
El único propósito no es debatir con otras creencias, sino sostener una postura bíblica que honre la obra que el Señor realizó en la cruz y le dé todo el crédito a Él.
Además, con estas enseñanzas queremos expresar la libertad que Jesús mismo nos da.
En cierta medida, nuestro ego o prepotencia nos ha llevado a creer que lo aprendido ya es suficiente.
Nos unimos a Jesús para salvación, pero lo conocemos cada día para vivir en libertad: «conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres».
Lo expresó Lucas en su evangelio, capítulo 1:1-4: «…me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo, para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido».
La obra del Calvario expresa únicamente victorias.
En este caso, veremos la victoria frente a: 1. frente al cuerpo 2. frente al diablo 3. frente al mundo 4. frente al espíritu 5. frente al alma Es importante conocer la victoria frente al cuerpo. Es obvio que unas cuantas líneas no bastan para exponer todo el tema, pero sí podemos presentar lo fundamental.
Victorioso = quien ha superado al oponente y ha alcanzado su objetivo.
Nuestro foco en este momento es el cuerpo.
Cuerpo = conjunto de sistemas orgánicos que constituyen un ser vivo.
Según el pensamiento órfico, el cuerpo es el portador o guardador del alma.
Este pensamiento se caracteriza por la idea de reencarnación y la búsqueda de la pureza del alma para alcanzar la inmortalidad.
Quienes sostenían esta idea creían en una dualidad humana compuesta por un cuerpo pecaminoso y un alma divina. Por eso buscaban preservar un alma divina mediante cuerpos diferentes (reencarnación), aunque nunca podrían perfeccionar esos cuerpos para que el alma fuera divina. ¡Qué problema!
La obra del Calvario previó estas ideas humanas sobre la eternidad. Cristo vino a solucionar el problema de un cuerpo mortal.
Al evangelio se le llama «las buenas nuevas de salvación».
El cuerpo también tendría una solución para quienes han alcanzado la gracia de Dios. Parece ser el aspecto que más ha llamado la atención de la humanidad; el alma y el espíritu suelen quedar en un nivel secundario.
Para muchos, el ser humano se compone de cuerpo, alma y espíritu.
Podríamos decir que el cuerpo es el vehículo que transporta la vida.
Lo que más le gustaría a la gente sería eternizar el cuerpo.
El evangelio, en su forma integral, muestra cómo se logra esa proeza.
Para ser coherentes con lo ya enseñado, debemos decir que la garantía para lograrlo es, sin lugar a dudas, Cristo.
La corrupción del cuerpo Nuestro cuerpo está destinado a desaparecer. Como es un cuerpo de pecado, se corromperá (se pudrirá) en el sepulcro.
El apóstol Pablo hizo referencia a esto en muchas ocasiones: Romanos 7:24.
¡miserable de mí! ¿Quién me librara de este cuerpo de muerte?
Esto se logra a través del velo de Cristo, es decir, su carne.
En la cruz hubo una exclamación de victoria: «CONSUMADO ES».
Romanos 8: 3: Porque lo que era imposible para ley por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su hijo en semejanza de carne, y a causa del pecado, condeno al pecado en la carne.
Es decir, para alcanzar una corporalidad para la eternidad, Cristo tenía que lograrlo en su propio cuerpo, no mediante mis obras.
La sentencia es contundente: La carne y la sangre no pueden heredar el reino de los cielos, porque se corrompen.
Y la corrupción no puede heredar la incorrupción (1 Corintios 15:50).
La burla divina Cada día estoy más convencido de que quienes piensan que lograrán esta proeza mediante sus buenas conductas deshonran la obra del Calvario.
Por lo que Él hizo, puede mirar a la muerte con burla y decir sarcásticamente: ¿Dónde está la muerte que humillaba los cuerpos…? ¿Dónde está? (1 Corintios 15:55).
Hasta el día de hoy, creo que la muerte todavía oye esas palabras, macabras para ella: «CONSUMADO ES».
El sepulcro terminara burlado…donde esta sepulcro tu victoria.
Pablo lo dijo allí mismo: la victoria está asegurada.
he aquí os digo un misterio: no todos dormiremos, pero todos seremos transformados. 1 a los corintios 15: 51.
El evangelio de la angustia, según el cual nada está asegurado, es una triste noticia; no para el mundo secular, sino para el mundo cristiano.
En Cristo, todo está resuelto.
La invitación es llevar esta buena noticia: Cristo en nosotros, la esperanza de gloria.
Terminar con este texto es maravilloso: confirma el gran programa para el cuerpo.
Filipenses 3:21: El cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya.
Frente al mundo
Gálatas 6: 14: En cuanto a mí que nunca me jacte de otra cosa que no sea la cruz de nuestro señor Jesucristo.
Debido a esa cruz, mi interés por este mundo fue crucificado y el interés del mundo por mí también ha muerto.
Una vez aclarado el tema del cuerpo, es importante abordar lo relacionado con el mundo.
Puede parecer fácil presumir una derrota frente al mundo, pero esa derrota tiene consecuencias eternas. Estar en el mundo representa una amenaza constante para la obra realizada en el Calvario y para quienes llevan esa victoria.
Hablar del mundo es hablar de una realidad superlativa, hiper y macro en toda su estructura; parece deslumbrar, pero termina doblegando y sometiendo, hasta hacer que el hombre lo pierda todo ante él.
Este mundo ofrece muchas cosas que mantienen cautivos a los hombres. Para quien vive sin Dios, parece una jaula de oro.
Conviene aclarar que, cuando digo «mundo», no me refiero a la geografía, que sin duda es un paraíso. Hablo más bien del infierno disfrazado de paraíso que han construido los reinos.
Ellos son el mundo, con sus filosofías, ideologías, tecnología y riquezas.
Por eso, hablar del mundo y de la victoria frente a él no es un asunto menor. Según los relatos de los Evangelios, Jesús se mostró victorioso en dos aspectos importantes. Así lo cuentan Mateo y Lucas.
Mateo 4:1 dice que Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto (nota).
El primer Adán falló teniéndolo todo.
El postrer Adán fue victorioso en la escasez.
Lo importante de este apunte es que muestra la victoria de aquel que vive en nosotros. En la mayoría de los casos, los creyentes tenemos una visión deformada que nos hace sentir derrotados en todos los aspectos que tratamos en este manual, incluido el mundo. Si Jesús hubiese sufrido esa derrota frente al mundo, entonces sí podríamos hablar de las derrotas de los creyentes frente a ese flagelo.
Eso es, al fin y al cabo, lo que tanto se pregona desde los púlpitos, desinformando al mundo cristiano sobre el verdadero triunfo de Jesús: Él lo hizo todo bien.
Su victoria comenzaría al vencer la tentación. Lo curioso es que Santiago nos dice 1: 14 que cada uno es tentado cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.
Pero a Jesús lo tentó el diablo.
Hebreos 4:15 hace una declaración muy grande: «Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado».
Por eso, estar en Cristo no es un asunto menor: significa tener una victoria asegurada en todos los aspectos de la salvación. Esta afirmación es la razón de ser de este manual.
En el verso 8 del capítulo 4 de Mateo vemos cómo el diablo lleva a Jesús a un monte muy alto y le muestra en un momento todos los reinos del mundo… ¿Qué quiso mostrar el diablo con esto? Que era necesario llevar al corazón del hombre el amor al mundo y a su gloria.
Para ser vencedor del mundo, no hay que amar al mundo. Jesús no vio un mundo lleno de gloria; lo vio lleno de dolor.
Comenzó su victoria poniendo el corazón en el lugar correcto.
Marcos 8:36 nos muestra la gesta sobre la victoria sobre el mundo: Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma?
Jesús tenía claro que el mundo se había convertido en un sistema carcelario. Incluso el sistema religioso, en vez de liberar a las personas, las oprimía con sus dogmas.
Jesús ya había visto un mundo muerto espiritualmente y enfermo en su alma.
Lucas 4 nos dice: El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón, a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos.
Desde esa cosmovisión, el Señor quería hacer vencedores sobre este mundo a aquellos a quienes iba a llamar.
La victoria para nosotros comienza a vislumbrarse desde antes de la fundación del mundo.
Sin embargo, a quienes profesamos la fe en Jesús nos cuesta reconocer que Él es el único campeón, y nos irrita pensar que no aportamos nada a nuestra victoria.
Esa victoria se materializó en su obra vicaria, cuando iba a lograrla por mí.
En Juan 15: 19 comienzan a aparecer afirmaciones profundas que nos dan luces sobre esta gran victoria.
«Si fuerais del mundo…»
¿Qué implican esas palabras? Ha declarado que el mundo ya no tiene jurisdicción en mi nuevo mundo.
«Pero no sois del mundo; antes yo os elegí del mundo».
¡Qué afirmación tan categórica! Está diciendo que este mundo ya no podrá alcanzar a los suyos, por mucho que lo intente. Esto puede gustar o no, pero si Cristo obtuvo la victoria, no importa cuánto luche yo como cristiano con ciertas cosas. Lo hermoso es que no soy lo que siento, sino lo que Dios dice que soy.
De sus labios brotaban pinceladas de victoria.
De cierto de cierto os digo, que vosotros llorareis y lamentareis, y el mundo se alegrará, pero, aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo El cuadro nos indica que la victoria quedó impresa: el artífice de una salvación integral nos invitó a creer que Él lo hizo por mí. Sin importar cuánta gloria nos atribuyamos o cuántas obras exhibamos públicamente para que las vean los hombres, la arrogancia religiosa ha ocultado a Jesús de la vista de la humanidad.
Juan 16: 33.: Estas cosas os he hablado para que en mi tengan paz.
En el mundo tendréis aflicción; pero confiad.
Yo he vencido al mundo Por esta razón, somos más que vencedores.
«Nos sacó del mundo» es una afirmación que produce seguridad, no incertidumbre.
Juan 17: 14: Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como yo tampoco soy del mundo Esta declaración es extraordinaria: el mundo será juzgado, y Él ya dijo que no somos de este mundo que será juzgado.
Hechos 17: 31: Poe cuanto estableció un día en el cual juzgara al mundo con justicia, por aquel varon a quien designo, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.
1 juan 5: 5: ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?
Lo que afirma es que yo vencí al mundo al estar en Cristo.
Y sabemos que somos de Dios y el mundo entero esta bajo el maligno Definitivamente, el vencedor es Cristo.
Frente al diablo
Mateo 12: 20: No les causará más daño a los que estén heridos, ni acabará de matar a los que estén agonizando; al contrario, fortalecerá a los débiles y hará triunfar la justicia.
Vale la pena volver a enfatizar la palabra «victoria» o «triunfo», pues, en nuestro contexto cultural —y me atrevo a decir que en el mundial—, victoria suele ser sinónimo de prosperidad económica, política y social. Lo más difícil de asimilar es que haya mucha victoria a nivel denominacional, ya que existe una batalla incesante por medir cuál denominación es más victoriosa.
El sistema en que nos movemos nos hace creer que quienes tienen menos oportunidades en la vida son derrotados.
En nombre de la prosperidad, la política, la vida social y la religión se han cometido atrocidades. Este escrito busca darle gloria a Dios y ayudar a que algunas personas encuentren libertad en Cristo en todos los aspectos relacionados con el plan salvífico.
En este tema es muy importante hablar de la victoria frente al diablo; y, también en este caso, la victoria es la clave.
La obra de la cruz fue un golpe contundente y fulminante.
Como dato curioso, en el Antiguo Testamento Satanás parecía no tener un protagonismo abierto ante la humanidad.
Al comienzo de las cosas apareció para dañarlo todo. En el huerto se le llama «la serpiente» ( Gn 2: 13), y el apóstol Pablo recuerda ese suceso con el mismo nombre: «serpiente» (1 Cor 11: 3).
Aparece en pocos pasajes de la Biblia: En Crónicas: 1 vez.
En Job, que es el libro más antiguo, aparece 11 veces.
Salmos, el libro con más capítulos: solo 1 vez.
En Zacarías: 2 veces.
Al parecer, no era común hablar de él en el mundo antiguo. Esto no significa que no estuviera actuando con sus maquinaciones y planes futuros.
Al parecer, reservaba su mayor aparición para un tiempo profético que se cumpliría sí o sí.
Había una sentencia que cumplir sobre él en Génesis 3: 15.
Dios conduce su plan salvífico a través de la cruz; allí lo pondría en evidencia.
Este texto es muy claro y contundente: Grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne.
Eso lo alborotó. La tarea era venir a vencerlo, es decir, obtener la victoria sobre él.
Hay dos grandes flagelos sobre los que Satanás sería vencido.
Él tenía el imperio de la muerte.
Hebreos 2: 14 …parar destruir por medio de la muerte, al que tenia el imperio de la muerte, esto es al diablo.
Esta es la mayor victoria para quienes son de Cristo.
Al ser crucificado y morir, Cristo estaba venciendo a la muerte.
El asunto que nos ocupa es la victoria frente a la muerte, y aquí la encontramos. Al ser uno con él, podríamos decir que sus derrotas serían las mías.
La pregunta central es: ¿cuántas derrotas sufrió el Salvador? El asunto no se trata de derrotas personales: todas las victorias establecidas en el plan salvífico fueron establecidas para el cuerpo de Cristo, no para individuos. Las victorias personales pueden hacernos creer que ahí radica el asunto. Parece que algunos miembros del cuerpo han sido vencidos por el diablo, mientras que otros, muy consagrados, sí son más que vencedores. Tratar estos puntos de esa manera ha causado un gran daño a muchos creyentes, que hoy se creen, desafortunadamente, más hijos del diablo que de Dios. Desconocer las victorias de la obra salvífica trae consecuencias desastrosas.
Si estoy en Él, tengo vida, porque Él me llevó a la cruz y morí con Él. Por eso Pablo dice que somos más que vencedores. No era una frase para animar al creyente durante un culto, sino una declaración de seguridad para siempre.
Y también dice: Cristo primicias de los que durmieron.
Colosenses 2: 15 nos dice cosas muy interesantes Dios quito el poder a los espíritus que tienen autoridad, y por medio de Cristo los humillo delante de todos, al pasearlos como prisioneros en su desfile victorioso (TLA)
El asunto central no es si el diablo me vence o si yo lo venzo, sino quién está en el centro de mi salvación. Todo el evangelio y sus triunfos se centran en Jesús.
Miremos donde miremos, la Biblia habla de que el diablo fue despojado y derrotado.
Colosenses 1: 16: Porque en él fueron creadas todas las cosas. Es decir, todo está bajo control, y esto es corroborado por Romanos 8: 37-39.
Allí se menciona que ningún dominio, potestad ni principado podrá dejarnos a merced de aquel que ha sido declarado vencido por uno más fuerte.
Nada podría separarnos, porque es una victoria del amor de Dios en Cristo.
Es dar rienda suelta a un propósito eterno en Cristo Jesús.
Efesios 1: 20, 21: La cual opero en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales.
Sin duda, hay victorias muy evidentes y claras para quienes creemos en él.
El verso 6 del capítulo dos de esta carta deja muy claro este tema de la victoria: juntamente con él nos resucitó y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús.
Una afirmación tan clara debería asombrarnos: ¿podrían los principados y potestades ir al cielo y separarme de lo que Cristo ya unió a él? ¿Acaso no fue declarada una victoria contundente sobre ese adversario?
El verso 21 del capítulo 1 deja muy claro que esto no es una cuestión de individualismo, sino de la victoria del cuerpo, es decir, de Cristo. Dice: sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no solo en este siglo, sino también en el venidero.
¿Qué más podemos decir ante esto? Si DIOS ES POR NOSOTROS, ¿QUIÉN CONTRA NOSOTROS?
Efesios 6: 12 nos da una idea del arsenal del enemigo del cristianismo, es decir, de Cristo. Ese arsenal podría acabar con el cuerpo de Cristo. Individualizar la guerra al nivel de un cristiano me parece un intento de apartar a Cristo para lograrlo yo.
En mi caso, me cuesta aceptar la idea de que, si me descuido, el diablo o los demonios van a poseerme. ¿Qué significaría que los demonios tomaran el control de algunos cristianos?
Tendrían que sacar a Cristo de esas vidas, y estaríamos ante un gran problema. Él dijo: «Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin». ¿Tienen los demonios potestad para sacar a Jesús de la vida de un hombre comprado por su sangre? ¿O es que no hemos entendido algo?
Creo que Efesios 6: 12 quiere advertirnos de algo distinto a un diablo que roba la salvación a quienes se descuidan.
Efesios es una carta escrita a un cuerpo, no a individuos.
Nos está diciendo que en el mundo habrá ideas filosóficas y mentes dañadas, y que además se harán maquinaciones para que el mundo se hunda. Por eso, el cuerpo de Cristo necesita conocer las acciones que inventan cada día los gobiernos maquiavélicos y está llamado a contrarrestarlas. El contexto nos indica cómo está asegurada esa victoria: con la armadura de Dios. Si la analizamos, esa armadura es Jesús; y si Él está en mí, se cumplirá aquello que tanto proclamamos los creyentes: tenemos la mente de Cristo.
Entonces, la victoria vicaria está asegurada en todos sus aspectos. De eso trata este módulo: de hacerles saber a los creyentes que no teman, porque él ya lo hizo.
Ya no es tiempo de buscar fantasmas en grandes vigilias o en días de ayuno.
Tenemos que recordar el versículo lema de este tema. Mateo 12: 20 En su contexto, el verso 22 parece mostrar que Jesús quería enseñarles algo a sus discípulos: realizó una obra frente a un demonio, y el resultado fue que el hombre quedó libre para ver y hablar.
¡Qué bonito es poder ver el reino de Dios en su verdadera función y proclamarlo para liberar de verdad a los hombres!
Lo visto aquí es apenas un abre-bocas sobre un tema de tanta relevancia.
Jesús es el gran vencedor.
Cómo llegar